El principito y el zorro.

Gloria lleva varios días con fiebre muy alta. Al final le han dado antibiótico pues se le ha complicado con amigdalitis. En fin.
Yo estoy cansada por las noches sin dormir, y mi gripe, que va pasando poco a poco, aunque tengo el cuerpo molido de tanto toser.

En estos días de fiebres y somnolencias he recordado el libro "El Principito" de Antoine Saint Exúpery, en especial el capítulo XXI donde habla con el zorro, y explica lo que significa "domesticar", la "amistad", y el secreto que olvidan los hombres.

Siempre me ha gustado este libro, lo he leído y releído y cada vez me sorprende de forma distinta. Primero, siendo niña o adolescente me quedaba con las anécdotas graciosas sin profundizar más, la idea del niño viviendo en un planeta con su rosa y sus baobads.
Luego, en posteriores lecturas más maduras, entendí la crítica que en ese libro se hace a la sociedad, siempre valorando el dinero, el no perder tiempo, el acumular datos... y como los hombres olvidan las cosas sencillas, que son los verdaderos placeres de la vida.

Pero desde que entré en el Autismo de la mano de mi hija , he pensado que "El principito"es un niño que tiene una forma autística de entender el mundo.
Es un ser que nos obliga a ver el mundo desde otra perspectiva. No entiende las cosas como nosotros, ve realidades diferentes a las que nosotros vemos, y lo que para nosotros es de una forma, él lo siente de otra, con tal fuerza y sencillez que nos desarma con sus argumentos.
Nos descubre que nuestro mundo tiene muchas perspectivas diferentes que no conocíamos, tan perdidos que estamos en nuestros números, trabajos y grandes ocupaciones.
El principito nos hace reflexionar en lo que de verdad vale la pena y es importante.
Al final todos amamos a ese personaje tan hermoso, sencillo, auténtico y sincero.

Pienso que este principito tiene algo en común con nuestros hijos.

El capítulo XXI donde el zorro y el principito "se domestican" me hace inevitablemente recordar los inicios de terapia con mi hija, y la manera en que todos los que la rodeamos nos tuvimos que adaptar a ella, y fuimos "domesticados". Ella a su manera también ha sido domesticada por nosotros y así formamos parte de su mundo, igual que ella del nuestro, para siempre.



"Entonces apareció el zorro:

—¡Buenos días! —dijo el zorro.

—¡Buenos días! —respondió cortésmente el principito que se volvió pero no vio nada.

—Estoy aquí, bajo el manzano —dijo la voz.

—¿Quién eres tú? —preguntó el principito—. ¡Qué bonito eres!

—Soy un zorro —dijo el zorro.

—Ven a jugar conmigo —le propuso el principito—, ¡estoy tan triste!

—No puedo jugar contigo —dijo el zorro—, no estoy domesticado.

—¡Ah, perdón! —dijo el principito.

Pero después de una breve reflexión, añadió:

—¿Qué significa "domesticar"?

—Tú no eres de aquí —dijo el zorro— ¿qué buscas?

—Busco a los hombres —le respondió el principito—. ¿Qué significa
"domesticar"?

—Los hombres —dijo el zorro— tienen escopetas y cazan. ¡Es muy molesto!
Pero también crían gallinas. Es lo único que les interesa. ¿Tú buscas gallinas?

—No —dijo el principito—. Busco amigos. ¿Qué significa"domesticar"? —volvió a preguntar el principito.

—Es una cosa ya olvidada —dijo el zorro—, significa "crear vínculos... "

—¿Crear vínculos?

—Efectivamente, verás —dijo el zorro—. Tú no eres para mí todavía más
que un muchachito igual a otros cien mil muchachitos y no te necesito para nada. Tampoco tú tienes necesidad de mí y no soy para ti más que un zorro entre otros cien mil zorros semejantes.
Pero si tú me domesticas, entonces tendremos necesidad el uno del otro. Tú serás para mí único en el mundo y yo seré para ti único en el mundo...

—Comienzo a comprender —dijo el principito—. Hay una flor... creo que ella me ha domesticado...

- Es posible – dijo el zorro. – En la Tierra se ven todo tipo de cosas...


- Oh! no es en la Tierra – dijo el principito.

El zorro pareció muy intrigado:

- ¿En otro planeta ?

- Sí.

- ¿Hay cazadores en aquel planeta ?

- No.

- ¡Eso es interesante ! ¿Y gallinas ?

- No.

- Nada es perfecto – suspiró el zorro.

Pero el zorro volvió a su idea:

- Mi vida es monótona. Yo cazo gallinas, los hombres me cazan. Todas las gallinas se parecen, y todos los hombres se parecen. Me aburro un poco. Pero, si me domesticas, mi vida resultará como iluminada. Conoceré un ruido de pasos que será diferente de todos los demás. Los otros pasos me hacen volver bajo tierra. Los tuyos me llamarán fuera de la madriguera, como una música. Y además, ¡mira ! ¿Ves, allá lejos, los campos de trigo ? Yo no como pan. El trigo para mí es inútil. Los campos de trigo no me recuerdan nada. Y eso es triste ! Pero tú tienes cabellos color de oro. Entonces será maravilloso cuando me hayas domesticado ! El trigo, que es dorado, me hará recordarte. Y me agradará el ruido del viento en el trigo...

El zorro se calló y miró largamente al principito:

- Por favor... ¡domestícame ! – dijo.

- Me parece bien – respondió el principito -, pero no tengo mucho tiempo. Tengo que encontrar amigos y conocer muchas cosas.

- Sólo se conoce lo que uno domestica – dijo el zorro. – Los hombres ya no tienen más tiempo de conocer nada. Compran cosas ya hechas a los comerciantes. Pero como no existen comerciantes de amigos, los hombres no tienen más amigos. Si quieres un amigo, ¡domestícame !

- ¿Qué hay que hacer ? – dijo el principito.

- Hay que ser muy paciente – respondió el zorro. – Te sentarás al principio más bien lejos de mí, así, en la hierba. Yo te miraré de reojo y no dirás nada. El lenguaje es fuente de malentendidos. Pero cada día podrás sentarte un poco más cerca...

Al día siguiente el principito regresó.

- Hubiese sido mejor regresar a la misma hora – dijo el zorro. – Si vienes, por ejemplo, a las cuatro de la tarde, ya desde las tres comenzaré a estar feliz. Cuanto más avance la hora, más feliz me sentiré. Al llegar las cuatro, me agitaré y me inquietaré; ¡descubriré el precio de la felicidad ! Pero si vienes en cualquier momento, nunca sabré a qué hora preparar mi corazón... Es bueno que haya ritos.

- ¿Qué es un rito ? – dijo el principito.

- Es algo también demasiado olvidado – dijo el zorro. – Es lo que hace que un día sea diferente de los otros días, una hora de las otras horas. Mis cazadores, por ejemplo, tienen un rito. El jueves bailan con las jóvenes del pueblo. ¡Entonces el jueves es un día maravilloso ! Me voy a pasear hasta la viña. Si los cazadores bailaran en cualquier momento, todos los días se parecerían y yo no tendría vacaciones.

Así el principito domesticó al zorro. Y cuando se aproximó la hora de la partida:

- ¡Ah! - dijo el zorro... - Voy a llorar.

- Es tu culpa – dijo el principito -, yo no te deseaba ningún mal pero tú quisiste que te domesticara.

- Claro – dijo el zorro.

- ¡Pero vas a llorar ! – dijo el principito.

- Claro – dijo el zorro.

- ¡Entonces no ganas nada !

- Sí gano –dijo el zorro – Gano el color del trigo.

Luego agregó:

- Ve y visita nuevamente a las rosas. Comprenderás que la tuya es única en el mundo. Y cuando regreses a decirme adiós, te regalaré un secreto.

El principito fue a ver nuevamente a las rosas:

- Ustedes no son de ningún modo parecidas a mi rosa, ustedes no son nada aún – les dijo. – Nadie las ha domesticado y ustedes no han domesticado a nadie. Ustedes son como era mi zorro. No era más que un zorro parecido a cien mil otros. Pero me hice amigo de él, y ahora es único en el mundo.

Y las rosas estaban muy incómodas.

- Ustedes son bellas, pero están vacías – agregó. – No se puede morir por ustedes. Seguramente, cualquiera que pase creería que mi rosa se les parece. Pero ella sola es más importante que todas ustedes, puesto que es ella a quien he regado. Puesto que es ella a quien abrigué bajo el globo. Puesto que es ella a quien protegí con la pantalla. Puesto que es ella la rosa cuyas orugas maté (salvo las dos o tres para las mariposas). Puesto que es ella a quien escuché quejarse, o alabarse, o incluso a veces callarse. Puesto que es mi rosa.

Y volvió con el zorro:

- Adiós – dijo...

- Adiós – dijo el zorro. – Aquí está mi secreto. Es muy simple: sólo se ve bien con el corazón. Lo esencial es invisible a los ojos.

- Lo esencial es invisible a los ojos – repitió el principito a fin de recordarlo.

- Es el tiempo que has perdido en tu rosa lo que hace a tu rosa tan importante.

- Es el tiempo que he perdido en mi rosa... – dijo el principito a fin de recordarlo.

- Los hombres han olvidado esta verdad – dijo el zorro. – Pero tú no debes olvidarla. Eres responsable para siempre de lo que has domesticado. Eres responsable de tu rosa...

- Soy responsable de mi rosa... - repitió el principito a fin de recordarlo."

Somos responsables para siempre de los que nos han domesticado y a los que hemos domesticado, y eso es invisible a los ojos, sólo visible por el corazón.
Gracias Principito.

9 comentarios:

Amaya dijo...

Yo también soy super fan del Principito y desde luego la metáfora para asociarlo con el autismo me ha encantado!! sin duda otro de los grandes personajes que me ha marcado y que no me cansaría nunca de leer es Momo, de Michael Ende. Un besote curalotodo para la pepona de la casa.

Otro beso sanador!! cuidaros!

Isabel dijo...

No sabia que estabais malita, cuidaros mucho. Yo recuerdo un poco del libro, si lo teniamos en casa, pero no más. Lo buscare y lo leere. Muchos besitos sanadores como Esther.

Fernando dijo...

Hola Eva, yo, como todo el mundo conocía el libro del Principito, pero no fue hasta el año pasado que lo leí. Y tienes razón, yo a veces veía a Cristina entre las líneas. Un abrazo y que os recuperéis. Fernando.

Kantu dijo...

Eva:
Primero muchas gracias por tus palabras.
Al parecer nuestras hijas se parecen tanto que hasta se enferman al mismo tiempo.
Y sobre el principito que te puedo decir la metáfora que hiciste me llego al corazón, lei el libro hace muchísimo tiempo y creo que es hora de volverlo a leer.
Muchos abrazos sanadores de mi parte.
Cariños,
Rosio

anabel dijo...

"El principito" es uno de mis libros favoritos, y desde el diagnóstico de autismo de Erik lo he releído todavía con más frecuencia. Cuántas veces he visto identificado ahí a mi hijo; ya ves, Eva, coincidimos totalmente.
INcluso hace un par de años un amigo escritor preparó un microrrelato dedicado a Erik con el título "Principitos".
Besotes y a mejorarse. MUAK.

Andrea dijo...

que buena esto! la verdad es que tienes toda la razón!!.
Y la lectura del "principito" es un clásico!, lo he leido varias veces en mi vida, de chica, de adolescente y ahora de adulta. Todas tienen una significado distinto!.

Que sabio ese libro!

Besos!

Maite dijo...

Porras Eva, será posible! yo soy de esas que no ha leído el Principito porque desde el cole nos lo intentaron meter por los ojos y me resistí. Cada vez que lo he tenido delante me ha echado para atrás, y fijate tú !!!!! ahora voy a ir directa a por él. Al empezar a leerte he pensado que igual se te había ido la olla jajaja digo... esta mujer, rizando el rizo?... pero he leído el capítulo y !!sopresa!! me he quedado de una pieza. Vas a tener razón y todo :)
Nada, lectura inmediata, gracias, voy a ver si al igual que vosotras encuentro a Julen entre sus páginas, que supongo que si.
Por cierto, bichejo, emmmm mira que dejarme besos con virus... te mando uno sanote, para que las dos estéis pronto como dos flores y descanséis.

Siempre he sido fanática de este libro...cuando supe que sería mamá de un niño, pensé que al fin llegaría mi principito..cuando lo diagnosticaron de autismo, después del golpe que eso significa, pensé que la vida me había dado justo lo que pedí. Mi Luciano rie de manera cristalina, nunca contesta lo que le preguntan, no se rinde ante lo que quiere, vive en su pequeño planeta...y espera ser domesticado...soy la mamá del principito...ya lo había notado.