Generalizando aprendizajes conductuales.


Esta primavera ha sido bastante difícil para nuestra familia. Especialmente el segundo trimestre y principios del tercero en el colegio. Desde las vacaciones de navidad mi hija comenzó a presentar problemas de conducta bastante desadaptados, tales como: 

Actitudes negativistas: Negarse a hacer cosas sin razón aparente, oponiéndose de todas las maneras. Negarse a vestirse, a calzarse, a salir de casa, a subir al coche, a desayunar, a comer... oponer resistencia física a cualquier rutina.
Actitudes desafiantes: negarse a cumplir las normas. Y hacerlo con actitud desafiante, como un reto. 
Inflexibilidad: deseaba estar siempre realizando actividades repetitivas, estereotipias y ecolalias buscando su aislamiento además de la evitación de otras situaciones que no quería hacer. 
Evitación: Usaba todas las actitudes anteriores para evitar hacer lo que hubiera que hacer en cada momento.

Impulsividad en sus acciones y  nerviosismo motórico importante, que se reflejaba en un constante movimiento, no se mantenía sentada al realizar tareas, movimientos constantes de piernas, brazos, saltos, salir corriendo, movimientos imprevisibles,rituales... 
Déficit de atención: no lograba mantener su concentracion y pasaba constantemente de una actividad o juego a otro, sin respetar las agendas, o intentando saltárselas.
Desorden sensorial y miedos especialmente a ruidos, incluso retomando algunos que ya se habían superado.
Trastornos del sueño más leves que en años anteriores pero que estuvieron nuevamente presentes. 

Ante estas conductas, que primero las detectamos en casa y posteriormente fueron detectándose también en el centro de terapia al que acudimos y en el colegio, la única opción es la observación y registro de conductas y la aplicación de modificación de conductas tratando de buscar acciones conjuntas para reducirlas. 

Cuando comienzas una modificación conductual lo más problable es que la situación al principio se complique todavía más. Porque si mi hija está desafiante y negativista y nosotros en vez de pactar o ceder, le marcamos claramente el límite, lo normal es que la situación se agrave, ella se ponga mucho más desafiante y llegue a tener conductas que rocen la desadaptación y la agresión. Asi fue. Estuvo semanas muy crispada, nerviosa, alterada, buscando el conflicto en casi cualquier situación. Nosotros teníamos al misión de no ceder.

Cuando peligra su integridad física o incluso la nuestra o la de su hermano, porque puede lanzar objetos o intentar pegar, tenemos que contenerla, bien con una contención que la bloquee, o bien llevándola a un lugar donde no pueda hacerse ni hacer daño. Hasta que se tranquilice. Se trata de dejar claro que la opción de gritar,morder,lanzar objetos, pegar, salir corriendo, escupir,tirarse al suelo, etc... no es posible y no la vamos a aceptar. 

Pero tras el empeoramiento inicial, que puede durar semanas (no es fácil, no lo es), normalmente empieza a aparecer el autocontrol. El autocontrol de las emociones tampoco se adquiere de forma automática, hay que enseñárselo. En las situaciones en las que está más tranquila se trabajan los guiones sociales en los que se le dan alternativas a sus reacciones. Se le enseña a distinguir cuándo está enfadada por algo y cómo expresarlo. Alternativas para sacar esa rabia, ese bloqueo de otra manera. Tras estos tremendos bloqueos, mi hija, que tiene conciencia de realidad, se sume en una profunda tristeza, porque es consciente de que se ha descontrolado, ha hecho algo que está mal, y no puede "rehacerlo". 

Asumir que se ha equivocado es otra parte del aprendizaje. Aprender que nos podemos equivocar, pero intentar hacerlo mejor la próxima vez. Y en este autocontrol, en el caso de mi hija ayuda mucho el estar con los demás niños.Ella es rechazada por los demás cuando se comporta así. Se da cuenta y sufre mucho, porque por un lado no puede controlarse pero por otro se da cuenta de que su actitud hace que los demás no quieran estar con ella. 

Trabajando en pequeño grupo controlado en terapia, se buscó, que los demás niños manifestaran su rechazo a esas conductas. Cuando mi hija había hecho algo mal en el cole, las terapeutas lo contaban a otros niños, y estos manifestaban en alto que eso estaba mal. Incluso las terapeutas crean los conflictos dentro del grupo para generar artificialmente las situaciones sociales, y trabajar sobre ellas en entorno controlado. Mi hija  no soporta ese rechazo social, al mismo tiempo que le encanta ser alabada cuando hace algo bien. 
Usando este recurso, cuando hacía bien alguna cosa, el grupo la felicitaba. Los premios sociales son una gran motivación para mi hija.

La aprobación y desaprobación del grupo es una buena manera de procurar aprendizajes sociales en cualquier persona, pero en el caso de mi hija, si no se hace en entorno controlado y con unas pautas muy concretas de control, el fracaso está asegurado. Por eso es tan importante trabajar de esta manera. 

 El siguiente paso fue, que ella reconociera oralmente la conducta inadecuada delante del grupo, recibiendo luego la desaprobación del mismo. Ella odia tener que hacer eso, pero una vez que verbaliza lo que ha hecho, se relaja aunque también se entristece. Es el momento de dar las alternativas, de explicarle que no pasa nada por equivocarse y trabajar con guiones sociales e instrucciones muy sencillas estrategias que tiene que hacer la próxima vez, para hacerlo mejor. 

El trabajo en grupo pequeño controlado empieza a dar frutos, pero probablemente estos frutos no se vean en el colegio en grupo grande, porque para ella no es fácil generalizar. Hay que dar un paso más. Avanzar hacia el grupo amplio y con menos control. La coordinación entre colegio, terapia y casa debe ser lo más fluída posible para que toda esta labor de hora a hora, día a día se conjunte lo más posible y se trabaje en todos lados en la misma dirección. 
Cuando se solicitan a los colegios registros de conducta, o información de lo que el alumno hace en el aula, de cómo se comporta ante determinadas situaciones, en el patio, con iguales... tiene como finalidad trabajar en casa y en el grupo pequeño, el máximo de situaciones sociales para que luego las generalice con éxito. Para nosotros es necesario, crucial saber los puntos débiles de nuestra hija en el colegio, para poder entrenarla y enseñarla a superarlos. De nuevo el cole debe estar dispuesto y abierto a explicar la realidad de lo que acontece en el aula. 


Ayer fuimos a la piscina. Se provocó una situación difícil: Había una pelota y ella quería jugar con los otros niños a lanzarla. Pero ellos estaban intentando dejarla fuera del juego. Se puso histérica, intentó quitarles la pelota y empezó a llorar. 

 Me acerqué y le dije: No se llora. ¿Qué te pasa? Di, qué te pasa. (Tiene que verbalizar qué siente, o qué está pasando). 
- "Estoy enfadada porque no me dejan jugar con la pelota."
- ¿Y qué tienes que hacer? (¿Se pega? NO. ¿Se llora como un bebé? NO. ¿Se grita? NO.) 

 Se dirigió a uno de ellos y le dijo muy enfadada- "Estoy enfadada porque quiero jugar" (Pero no gritó, ni agredió, ni les quitó la pelota). Fue capaz de autocontrolarse. 

 Después le dije,- Muy bien. (Aprobación) Ahora ¿qué puedes hacer?. 

- Preguntar si puedo jugar. ¿Puedo jugar con vosotros? 

 La respuesta fue si, entre otras razones porque yo estaba delante y enseguida la integraron en el juego, siguieron jugando un buen rato sin más problemas. Fin del conflicto. 

 Hace unos meses el final hubiera sido muy diferente. Pero ¿qué ocurriría si yo no estoy delante? 

 Puede que la respuesta de los niños hubiera sido NO. (Yo en este caso he actuado de mediador social de juego ). Para una respuesta NO, hay otras opciones trabajadas que ella tendrá que aprender a utilizar sola, en caso de que no haya un mediador presente. Si le dicen no, no debe pegar, ni llorar, ni gritar, sino PEDIR AYUDA. 

Pedir ayuda a un adulto (Yo, o un profesor, un monitor, un terapeuta, un adulto...) y decir lo que le pasa. 

Para conseguir que esto funcione, que sepa controlar una situación como ésta, hemos tenido que trabajar años. Y todavía no está afianzado el aprendizaje, ni controlado porque depende de múltiples variables. 

Todavía seguimos y seguiremos trabajando porque falta muchísimo para conseguir una conducta adaptada en mi hija. 

El autismo no es fácil. El trabajo de autoconocimiento de las emociones propias, autocontrol de las mismas, y petición de ayuda, es tarea de años, de trabajo día a día en diferentes entornos con diferentes personas y situaciones. 

Es ir desgranando paso a paso lo que un niño sin autismo hace de forma natural sin ningún esfuerzo. Entrenándolo todo, para conseguir éxito. Aplicándolo en diferentes entornos para que generalice ese éxito en el máximo de situaciones posibles. Y recordando que en cualquier momento puede haber una vuelta atrás en la conducta y hay que tener que empezar otra vez.

Paso a paso. La clave está en no desesperar y saber que aunque llevemos semanas de gritos, llantos, contenciones y agotamiento la modificación de conducta va a surtir efecto y entonces la curva se invertirá. 

 Hay millones de situaciones que le provocan respuestas intolerantes: Querer ser la primera. Querer decir antes que nadie una respuesta. Querer ganar siempre en todos los juegos. Querer jugar siempre a lo que ella quiera sin respetar turnos. Querer hacer una tarea y no otra. Querer comer siempre un mismo plato. Querer que los demás hagan lo que ella quiere. Querer ver un programa en la tele. Querer escuchar siempre la misma canción en el coche. Querer aparcar el coche en un sitio que está prohibido porque no aguanta los tiempos de espera en la carretera. ... 

Para cada situación un entrenamiento y una intervención parecida pero diferente. 

Fácil no es. Imposible tampoco. Mi hija tiene autismo, y esto es lo más importante que puedo enseñarle para poder sobrevivir en el mundo: inteligencia social. Su punto débil.

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