El fin del verano y el síndrome postvacacional

Se terminan las vacaciones escolares. Mis hijos han vivido un gran verano. El mes de julio lo hemos dedicado a continuar las terapias  pero le añadimos un nuevo reto: aprender a nadar, o al menos aprender a no ahogarnos. El cursillo de natación se terminó con éxito y definitivamente mi hija ha superado muchos de sus miedos, especialmente a ser salpicada en la piscina o a meter la cabeza dentro del agua. Se defiende nadando, sabe sumergirse en el agua y bucear. Los dos hermanos han disfrutado de un verano impresionante de playa y piscina.



En Agosto tomamos rumbo al norte, a mi tierra y pasamos unos intensos días familiares.
Mi hija pretendía repetir exactamente todo lo que habíamos hecho el anterior verano. Tiene una gran memoria, recuerda todos los detalles de veranos anteriores y teníamos que ir haciendo planes diferentes para romper su deseo de repetir siempre las mismas actividades.
Este verano fue sencillo hacerlo porque tuvimos una suerte tremenda con el tiempo,  Agosto nos regaló unos 20 días  con calor, sol y una temperatura estupenda.

Disfrutamos de la playa en el Cantábrico, de un verano caluroso en el Norte, cosa que es poco frecuente. Días de playa, juegos en el parque, castillos en la arena, carreras en el campo...

Durante todo el verano nos sorprendió la flexibilidad de nuestra hija. Nada más comenzar el mes de julio y terminar el colegio, entró en un estado de relajación y buen humor constantes. Tanto fue así que el grado de flexibilidad que alcanzó en todos los aspectos nos dejó asombrados: admitió probar nuevos alimentos voluntariamente, entre ellos la tortilla francesa con jamón york y queso,  el sandwich mixto, probar algunas frutas... de manera relajada sin gritos, sin tensión... Estábamos asombrados.
Sus terapias continuaron por las tardes y en ellas constataron la misma realidad: buena disposición para todo, capacidad de  aceptación de cambios, tolerancia a la frustración, flexibilidad... parecía otra niña.

En la rutina cotidiana del verano hay muchos cambios de planes, imprevistos, improvisaciones... pero a ella todo parecía venirle bien.

Soportó con mucha tranquilidad situaciones estresantes para ella y salvo momentos puntuales en general tuvo un nivel de adaptación a las situaciones y de flexibilidad muy alta.

Al final de mes fuimos unos días  en la costa de Cádiz y en el buffet del hotel en el que nos alojamos si tuvimos problemas, pero con ayuda de guiones sociales, paciencia, no ceder ante la conducta inadecuada y el buen hacer del personal del hotel terminamos controlando la situación y consiguiendo que pudiéramos acudir a las comidas en el hotel respetando unas normas y evitando reacciones inadecuadas como: levantarse, gritar, salir corriendo, ponerse debajo de la mesa... Para mi hija estar en un restaurante tan grande, con tantas personas y tantas diferentes comidas ha supuesto un reto muy fuerte, pero también un aprendizaje.

Yo iba con ella viendo toda la comida que había en el bufet, diciéndole lo que era cada cosa y aunque finalmente ella terminaba comiendo la comida que hacen para los niños,(pasta y fritos) ha soportado ver montones de comidas y alimentos diferentes sin ponerse histérica, o sufrir bloqueos.

Y es que ella sabe que le merece la pena soportar ciertos "inconvenientes" a cambio de disfrutar de maravillosos días de playa, juegos con sus primos, fiestas, días de verano inolvidables...


Pero por desgracia todo tiene su fin y ha sido regresar a casa y desaparecer la niña flexible.

Ella ha asimilado la llegada de septiembre con la vuelta al colegio y a ciertas cosas que le preocupan y mucho.

Mi hija lleva una semana muy dura: repetición constante de diálogos de todo tipo de películas o libros, repetición de juegos, hiperactividad, incapacidad de concentrarse en una actividad, no mantiene la mirada, está constantemente incumpliendo sus normas de conducta adecuada, le cuesta dormirse y se despierta demasiado pronto.

Es un estado de ansiedad que le provoca mucha inflexibilidad: ha vuelto a agredir, gritar y descontrolarse.

La razon: la vuelta al cole.

Lleva toda la semana preguntando quién será su maestra este nuevo curso y se preocupa porque si no es la misma que el año pasado, no se ha despedido de ella.
Mira sus libros una y otra vez y pregunta si segundo es difícil, tiene dudas sobre si será capaz de aprender lo que hay dentro.
Quiere saber si irá al aula  matinal o quién la recogerá en el cole, pero no podemos responder a sus  preguntas porque aún no sabemos nuestro propio horario laboral y cómo compaginarlo con el escolar.

Hoy en terapia, por fin, tras una semana muy dura, mi hija ha sacado algo de lo que le preocupa y ha dicho que:

Le preocupa llegar tarde al colegio (porque quiere ser la primera en la fila) y no quiere que suene la sirena.
Le preocupa que los demás niños no quieran jugar con ella. Lo ha dicho varias veces y de distintas formas: no quiero jugar sola. Quiero que las niñas jueguen conmigo. Quiero que las niñas quieran jugar conmigo.

En ocasiones ella busca el juego en solitario por su propia voluntad. Pero lo que le provoca mucha angustia es ser rechazada cuando si desea jugar: en ocasiones la rechazan porque no quieren compartir juego con ella desde el principio y en otras ocasiones se debe a que una vez comenzado el juego ella no puede o no sabe cumplir las normas del mismo, no quiere compartir o guardar el turno o no admite no ser la primera... se frustra y agrede o se enfada, por lo que es rechazada por los demás.

A su dolor por perder el control, se une el rechazo social posterior. Ella ha sufrido esto el curso pasado y es una cosa que teme que ocurra cuando llegue el nuevo curso.

También le preocupa  que falta muchos meses para que vuelva a ser verano. Es muy importante que ella consiga hablar de las cosas que le preocupan. No quiere hablar de esto y suele dar respuestas aprendidas para evitar hacerlo.
Cuando le preguntas por el colegio te dice una frase aprendida: Tengo muchas ganas de llegar al colegio para ver de nuevo a mis amigos.

Pero cuando le pides que te diga los nombres de sus amigos, su cara cambia y empieza a no querer hablar. Te dice que no quiere decir,  que no quiere hablar.

En terapia con muchos recursos, han conseguido que cuente muchas cosas, exprese muchos sentimientos.
El lunes empieza el colegio. La angustia pasará, pero las situaciones estresantes dejarán de ser algo temido para convertirse en el día a día.

Trabajamos para darle a mi hija las herramientas necesarias para que pueda ir superando estas situaciones con éxito, pero sabemos que en este punto radica lo más duro de su diversidad : quiere socializar con los demás pero sus conductas la alejan de los otros. Más que nunca se hace necesaria una intervención y mediación social para que mi hija deje de temer la vuelta al cole por lo que vaya a ocurrir en patio durante la hora del recreo.

La vuelta al cole.  De pequeña me encantaba. Ahora me produce pesadillas.

Septiembre debería ser un mes de ilusiones y no de ansiedades.



5 comentarios:

MARICARMEN dijo...

EVA, TIENES TODA LA RAZON, A MI ME PASA IGUAL, TENGO HACE UNA SEMANA UN NUDO EN EL ESTOMAGO, QUE NO PUEDO NI PONERME A TRABAJAR UN RATO CON CLARA... EL CURSO PASADO FUE TREMENDO, TERMINO CON UNA CARTA A SU TUTOR CON COPIA AL EQUIPO DIRECTIVO, A LA ORIENTADORA Y A EL INSPECTOR DE ZONA... Y AHORA ME ENCUENTRO QUE EMPIEZA EL CURSO CON UN CAMBIO IMPREVISTO DE EQUIPO DIRECTIVO, Y UN DESCONTROL ABSOLUTO EN EL CENTRO.
ESTOY ATACADA Y ESO LE PROVOCA A CLARA MAS HIPERACTIVIDAD...
ESPERO QUE PASEN PRONTO ESTOS DIAS Y PODAMOS RESPIRAR POR OTRO RETO CONSEGUIDO
MUCHOS BESOS

Rosio dijo...

Me alegro mucho que hayan tenido un verano estupendo.
Como siempre tenemos coincidencias, mi mayor preocupación en el cole de Mika son los recreos.
Esa necesidad que tiene de relacionarse con sus amigos pero que muchas veces su propia conducta no lo permite. Alli estamos trabajando duro para que no se sienta mal y eso dispare más conductas inadecuadas.
Cariños,

midaryblog dijo...

Eva, te comprendo perfectamente!!!Parecia que describes a Darius: la flexibilidad que ha mostrado este verano pero tambien la negación de hablar cuando algo no le gusta o le provoca frustraciones...Yo tambien siento una gran angustia, este año va a ser complicado para todos:padres,niños,profesores...
Un abrazo muy grande!
Dana

Mofletes dijo...

Hola Eva:

a mi niño le pasa lo mismo, es oir la palabra colegio y se pone histérico, no se muy bien como afrontar el cambio de tutora, lo que si estoy segura es que se basa en kilos y kilos de paciencia.

un besazo a Gloria

Agustina dijo...

Eva, mi nombre es Agustina, tengo 23 años y soy de Argentina. Desde hace ya 2 años soy la maestra integradora de Gastón, un nene que tiene el mismo diagnóstico de Gloria y su misma edad.
Te leo desde hace mucho tiempo pero nunca te comente. Quiero agradecerte por todos los recursos que brindas, realmente me fueron de muuuuuuuuucha ayuda.
Cuando empecé a trabajar con Gastón no tenia muchos conocimientos sobre el tema, hoy estoy completamente enamorada de él y empapada sobre el autismo.
Mi trabajo consiste en acompañarlo las 4 horas de colegio todos los días, y si bien la integración marcha perfecta, es un trabajo durísimo, sobre todo por la indiferencia e ignorancia de los que trabajan en la escuela.
Tenes una hija hermosa, sumamente creativa y muy graciosa. Me encanta entrar para poder ver nuevos videos o leer esas historias que relatas tan bien.
Un beso muy grande de una fanática desde Argentina!